Una playa muy distinta al sur de la isla

En la costa oeste de Fuerteventura, en el municipio de Pájara, se encuentra la Playa de Ajuy, una pintoresca bahía de arena volcánica negra que abraza a un pequeño pueblo de pescadores con el mismo nombre. Este rincón es un mundo aparte de las dunas doradas y esculpidas por el viento que caracterizan a Corralejo o Sotavento: aquí la arena es de un intenso tono oscuro y finísima, y en lugar de complejos hoteleros, se alzan majestuosos acantilados.
El pueblo es un lugar modesto y auténtico: apenas un puñado de casas, varios restaurantes que ofrecen vistas privilegiadas a la bahía y una zona de aparcamiento al norte de la playa. No espere encontrar paseos marítimos, alquiler de hamacas ni una hilera de chiringuitos; solo verá barcas de pescadores varadas sobre la arena y la inmensidad del Atlántico abierto.
Lo que realmente cautiva de Ajuy no es solo la playa en sí, sino todo el entorno que la abraza. En los acantilados septentrionales se abren las espectaculares cuevas de Caleta Negra, horadadas en una roca que, según la propia oficina de turismo de Fuerteventura, figura entre las más antiguas de todo el archipiélago canario. A lo largo del sendero costero, una duna fósil y antiguos hornos de cal se erigen como mudos testigos de millones de años de fascinante historia geológica.








