Vista de la Playa de la Pared, Fuerteventura, con su arena dorada y oscura, acantilados bajos y olas atlánticas rompiendo en la orilla.

Foto: Frank Vincentz (CC BY-SA 3.0), vía Wikimedia Commons

La Pared, Fuerteventura

Playa de la Pared

La legendaria Playa de la Pared: paraíso del surf, no apta para el baño

La Playa de la Pared se extiende a los pies del pueblo surfero homónimo, en el estrecho istmo que une la península de Jandía con el resto de Fuerteventura. Sus arenas, de tonos dorados y oscuros, y sus acantilados bajos miran directamente al Atlántico, que aquí regala un oleaje casi constante durante todo el año. Por eso, desde hace décadas, es la playa de referencia para el surf en la isla. Pero que nadie se confunda: no es una playa apta para el baño, ya que sus corrientes son realmente peligrosas.

Dos playas, un muro, un nombre

Playa de arena dorada y oscura en Playa de la Pared, Fuerteventura, con acantilados bajos y olas del Atlántico rompiendo
La playa surfera más legendaria de Fuerteventura — no apta para el baño · Foto: Frank Vincentz (CC BY-SA 3.0), Wikimedia Commons

Si preguntas a cinco personas por el nombre de esta playa, obtendrás al menos dos respuestas diferentes. Playa de la Pared se refiere a la cala más corta, de unos 250 metros de arena, situada justo bajo el pueblo homónimo. A ella se accede por un breve sendero de tierra desde el aparcamiento junto al restaurante Bahía La Pared.

Algo más al sur se encuentra Playa del Viejo Rey, una extensión de arena más larga (unos 800 metros), más expuesta y notablemente más tranquila, a la que se llega por una escalera propia tallada en el acantilado. La mayoría de las escuelas de surf, los portales de previsión de olas e incluso algunas guías de aspecto oficial emplean ambos nombres de forma indistinta para referirse al célebre *spot* de surf de La Pared. No lo veas como una contradicción que resolver, sino como una peculiaridad local.

Ambas denominaciones remiten a una realidad histórica: un muro de piedra que atravesaba este istmo. Las crónicas de la conquista, a principios del siglo XV, lo mencionan como la frontera entre los dos reinos prehispánicos de la isla: Maxorata al norte y Jandía al sur. Aún hoy se conservan tramos de esta construcción milenaria cerca de Matas Blancas. Si bien no todos los detalles se mantienen con la misma firmeza —algunos arqueólogos sugieren que la verdadera frontera entre reinos se ubicaba más al norte, cerca del actual aeropuerto, y que este muro servía para otros propósitos—, su existencia y antigüedad son hechos indiscutibles.

Una playa que casi nunca se queda plana

Cualquier escuela de surf de la isla confirmará que este tramo de costa rara vez se queda sin oleaje. Este *beach break*, abierto y con orientación oeste, recibe mar de fondo del noroeste y del norte del Atlántico durante casi todo el año, funcionando con cualquier marea. La marea baja genera una espuma ancha y suave, perfecta para las primeras clases de las escuelas locales, mientras que con la marea subiendo, las olas se tornan más rápidas y consistentes mar adentro, aptas para surfistas de mayor nivel.

El invierno y la primavera ofrecen el oleaje más constante y definido; el verano, en contraste, suele traer la calma a gran parte de la costa oeste de la isla, aunque es precisamente entonces cuando los aficionados al *kite* y al *windsurf* aprovechan los vientos alisios. Las mañanas son el momento ideal para la remada: el viento de componente terral, característico de esta costa, suele arreciar a lo largo del día, pudiendo desorganizar el mar a primera hora de la tarde.

El fondo es predominantemente arenoso, con algunas zonas de roca y piedra. Las olas, que desde el aparcamiento en lo alto del acantilado pueden parecer modestas, revelan su verdadero tamaño una vez en el agua. En el extremo sur de la playa, con el oleaje fuerte, se genera una corriente de resaca que arrastra mar adentro. Este es un riesgo real, no una simple advertencia, y una razón de peso para reservar una clase con una escuela local en lugar de aventurarte solo en tu primera visita.

No es playa de baño — cómo visitarla con seguridad

Seamos claros: Playa de la Pared no es apta para el baño. Las guías de playas españolas, los artículos sobre seguridad en el surf y las advertencias sobre la costa oeste de Fuerteventura son unánimes: corrientes fuertes, una resaca capaz de atrapar incluso a nadadores experimentados y la ausencia total de socorristas. Considera esta playa un lugar para practicar surf con instrucción, pasear y disfrutar de atardeceres espectaculares, pero nunca para que los niños chapoteen en la orilla. Si buscas un baño familiar sin sobresaltos, es preferible optar por la resguardada costa sur, en torno a Costa Calma o Sotavento.

Acceder a la playa es sencillo. Aparca en el pequeño parking gratuito de tierra junto al restaurante Bahía La Pared, en el límite del pueblo. Desde allí, desciende a pie: un sendero corto de tierra te llevará a Playa de la Pared, o una escalera de madera y piedra, tallada en el acantilado, a Playa del Viejo Rey, algo más al sur. Ambas rutas se cubren en cinco a diez minutos a pie. La playa carece de servicios, por lo que es imprescindible llevar agua y protección solar. En el pueblo, en la parte alta, encontrarás un par de pequeñas cafeterías y un restaurante. La Pared se encuentra a unos 5 km de Costa Calma (menos de diez minutos en coche) y a poco más de una hora de Puerto del Rosario y del aeropuerto, siguiendo la FV-2 y la FV-605.

¿Dónde está Playa de la Pared?

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