El arrecife, la laguna y la razón de su habitual calma

La Playa de la Concha se extiende al norte del pintoresco pueblo de El Cotillo, en el municipio de La Oliva, sobre la costa noroeste de Fuerteventura. Su nombre, «Concha», evoca la forma semicircular que la bahía dibuja entre sus dos puntas rocosas, una silueta que recuerda a la perfección la de una concha marina.
La clave de su serenidad reside en un arrecife volcánico natural, con forma de herradura, que actúa como barrera, absorbiendo la mayor parte del oleaje atlántico antes de que alcance la orilla. En su interior, las aguas son poco profundas, cristalinas y, en condiciones normales, de una placidez excepcional. No en vano, es la playa preferida y la primera que los lugareños recomiendan a las familias.
Cabe recordar que el arrecife frena las olas, pero no el viento. El Cotillo, como el resto de la isla, está expuesto a los vientos alisios. Por ello, los lugareños han construido «corralitos», muros bajos y circulares de piedra volcánica, que ofrecen un resguardo eficaz. Al sentarse tras uno de ellos, la intensidad del viento disminuye considerablemente. Además, la calma no está siempre garantizada: con la subida de la marea, el agua comienza a batir sobre rocas que apenas una hora antes parecían secas. Por tanto, quienes exploren las pozas deben prestar atención tanto a la marea como al oleaje.










