El cono volcánico de Montaña de la Caldera elevándose sobre el matorral y la roca volcánica de la Isla de Lobos

Foto: Jumilla (CC BY 2.0), vía Wikimedia Commons

La Oliva, Fuerteventura

Isla de Lobos

Un islote protegido a quince minutos de Corralejo, con cupo de 400 visitantes al día.

La Isla de Lobos es un pequeño islote volcánico en el estrecho que separa Fuerteventura de Lanzarote, a unos quince minutos de barco desde el puerto de Corralejo. Es una reserva natural protegida: no hay hoteles, ni tiendas, ni coches. Solo senderos de arena señalizados, un cono volcánico de 127 metros, un faro en servicio desde 1865 y un puñado de casas de pescadores. Para entrar hace falta un permiso gratuito y solo se admiten 400 personas al día.

Cómo llegar y el permiso que no puedes saltarte

Lobos es antes una reserva natural que una excursión, y las normas de acceso lo dejan claro. El Cabildo de Fuerteventura emite una autorización gratuita por visitante, que se publica unos días antes de cada fecha y está limitada a 400 personas diarias: 200 en el turno de mañana y 200 en el de tarde, de cuatro horas cada uno. Las navieras la comprueban en el muelle de Corralejo y sin ella no embarcas. En vacaciones escolares y semanas punta se agotan enseguida, así que ponte un recordatorio en lugar de confiar en la suerte.

La travesía es corta: unos quince minutos desde el puerto de Corralejo, con varias salidas de mañana y regresos a lo largo de la tarde. Algunos barcos tienen fondo de cristal, otros son ferries sencillos y unas cuantas empresas combinan el trayecto con una parada de snorkel. Sea cual sea el tuyo, apunta la hora de vuelta nada más desembarcar: el último barco es el último, y en el islote no se puede pernoctar.

Qué hacer una vez allí

En Lobos todo se hace andando, por senderos de arena señalizados; no hay carreteras ni vehículos. El circuito principal ronda los 8 km y se cubre en dos o tres horas a paso tranquilo, de sobra dentro de un turno de cuatro. Pasa por El Puertito, una docena escasa de casas de pescadores con un único restaurante pequeño —conviene reservar—, y sigue hasta el Faro de Martiño, en el extremo norte, en servicio desde 1865 y que baliza el estrecho de la Bocayna hacia Lanzarote.

La subida a Montaña La Caldera, el cono volcánico de 127 metros, es el otro gran reclamo: corta, empinada en el tramo final y con vistas sobre toda la reserva, las dunas del Parque Natural de Corralejo y el sur de Lanzarote. Los bajos resguardados junto a El Puertito son el agua más tranquila y el mejor snorkel, transparente sobre arena clara y roca. Lleva contigo todo lo que vayas a necesitar: no hay tienda, ni agua potable, ni prácticamente sombra en ningún punto del islote, y el sol reflejado en la arena y el mar pega mucho más de lo que parece. Agua, protección solar alta, gorra y calzado cerrado no son opcionales aquí.

Dónde alojarse cerca

La base más cercana a Isla de Lobos es Corralejo. Allí los propietarios publican alojamientos que contactas directamente, sin comisiones de reserva.

Alquiler vacacional en Corralejo

¿Dónde está Isla de Lobos?

Preguntas frecuentes

Sí, y es gratuito. El Cabildo de Fuerteventura publica las autorizaciones unos días antes de cada fecha, con un tope de 400 personas al día repartidas en un turno de mañana y otro de tarde de cuatro horas. Las navieras lo comprueban antes de embarcar, así que saca primero el permiso y luego el billete.

Unos quince minutos por trayecto desde el puerto de Corralejo, con varias salidas por la mañana y regresos durante la tarde. Con viento fuerte la travesía se mueve, pero es breve. Confirma tu hora de vuelta al llegar: en el islote no hay alojamiento.

Sí. Los bajos resguardados de El Puertito son el sitio habitual, con agua clara sobre arena y roca y entrada fácil. Las costas norte y oeste, expuestas, están mucho más movidas y no son recomendables. Lleva tu propio material: en la isla no se alquila nada.

Agua, sobre todo: no se vende más allá del único restaurante y no hay fuentes. Añade protección solar alta, gorra, gafas de sol y calzado cerrado para los caminos volcánicos. Apenas hay sombra, así que una visita a mediodía en verano exige ir bien preparado.