Un busto de piedra desgastado por el tiempo en la Avenida de los Reyes de España de Puerto del Rosario, parte de la ruta escultórica al aire libre de la ciudad

Foto: Frank Vincentz (CC BY-SA 3.0), vía Wikimedia Commons

Puerto del Rosario, Fuerteventura

Parque Escultórico de Puerto del Rosario

Más de cien esculturas al aire libre y ninguna taquilla.

Puerto del Rosario se convirtió en una galería al aire libre. Desde finales de los noventa, la capital de Fuerteventura ha ido instalando escultura en sus calles, plazas, rotondas y paseo marítimo —bastante más de cien obras en acero, bronce, basalto y mármol, de artistas canarios, peninsulares e internacionales— y en los últimos años ha sumado además un buen número de grandes murales pintados. No hay puerta ni entrada: la colección es la propia ciudad y se ve andando en un par de horas.

Cómo un puerto de trabajo se volvió galería

Puerto del Rosario no es un núcleo turístico. Es donde vive y trabaja la gente de la isla, y durante años los visitantes lo cruzaban de largo entre el aeropuerto y las playas. El proyecto escultórico, iniciado a finales de los noventa, fue la respuesta de la ciudad: encargar obra de verdad, sacarla a la calle y dejar que el pueblo fuera la exposición. Ha ido creciendo hasta superar con holgura el centenar de piezas —figurativas y abstractas, de palmo y monumentales, en acero, bronce, basalto y mármol, de artistas de Canarias, la Península y fuera de España.

Lo que hace que funcione es que nada está acordonado. Una escultura ocupa una rotonda por la que conduces, la acera frente a un banco o el centro de un parque infantil. No hay orden que seguir ni ruta correcta: ves una, levantas la vista y hay otra dos calles más allá. El ayuntamiento publica un plano, pero lo mejor es aparcar una vez y callejear.

Por dónde caminar y qué más ver

El paseo marítimo es la espina dorsal evidente: un recorrido llano y ventoso junto al puerto, con la mayor concentración de piezas grandes y el mar siempre a la vista. Desde ahí, tira hacia dentro por las calles peatonales en torno a la Plaza de la Iglesia, donde las obras se hacen más pequeñas y aparecen las cafeterías. Con hora y media o dos horas cubres el núcleo central sin agobios; las piezas más alejadas, en rotondas y accesos, piden coche.

A las esculturas se han sumado en los últimos años grandes murales pintados, salidos de los concursos de arte urbano del propio ayuntamiento y repartidos por medianeras y paredes ciegas de las calles residenciales de detrás del centro. Son más recientes, más llamativos y están mucho menos documentados que las esculturas, lo que convierte su búsqueda en la mitad más divertida del paseo. Ya que estás, la Casa Museo Unamuno —la casa donde vivió el escritor Miguel de Unamuno durante su destierro en la isla en 1924— es una parada corta, barata y realmente interesante, a unas calles del mar.

¿Dónde está Parque Escultórico de Puerto del Rosario?

Preguntas frecuentes