Por qué el queso importa tanto aquí
Fuerteventura es seca, ventosa y pedregosa, y durante casi toda su historia se alimentó de cabras antes que de cosechas. La cabra majorera es autóctona de la isla, criada para salir adelante con casi nada, y desde hace mucho hay más cabezas que habitantes. El queso majorero es el resultado de ese arreglo: un queso firme, de acidez marcada, que se come fresco, semicurado o curado, y que en 1996 fue el primero de Canarias en obtener denominación de origen protegida, marcando el camino que siguieron los demás.
Mira una pieza entera y verás el dibujo de rombos marcado en el canto: la huella del molde tradicional de hoja de palma trenzada, que los moldes actuales siguen imitando. La corteza puede ir untada con pimentón, que da a los curados su color rojo, o con gofio o aceite. El museo lo recorre todo y abre el relato mucho más allá del queso: la formación volcánica de la isla, la población aborigen, la llegada del ganado y cómo una economía pastoril modeló el paisaje por el que llevas días conduciendo. Las salas tienen suficiente componente interactivo para que los niños aguanten, incluido un ordeño virtual con asiento incorporado al que suelen ir corriendo lo primero.








