El domo claro y aislado de la montaña de Tindaya sobre el llano, en el norte de Fuerteventura

Foto: Jumilla (CC BY 2.0), vía Wikimedia Commons

La Oliva, Fuerteventura

Montaña Tindaya

Una montaña sagrada que puedes fotografiar, pero no subir a tu aire.

La montaña de Tindaya se alza 401 metros sobre el llano de Esquinzo, en el norte de Fuerteventura: un domo de traquita clara que los majos, los antiguos habitantes de la isla, tuvieron por lugar sagrado. En la roca cercana a la cumbre hay cientos de grabados con forma de pie, los podomorfos. No planifiques una subida por eso: la montaña es monumento natural y bien de interés cultural, el acceso a la cima exige autorización del Cabildo y se ha dado por cerrado, y los grabados no están abiertos al público.

Qué se puede hacer aquí y qué no

Esta es la parte que más gente da por supuesta, así que va primero. La montaña de Tindaya está doblemente protegida — como monumento natural por su geología y, desde un decreto de 2023, como bien de interés cultural en toda su extensión — y no se puede aparcar y subir sin más. El acceso a la zona de cumbre requiere autorización por escrito de la consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Fuerteventura, que se solicita con antelación en sus oficinas de Puerto del Rosario o Corralejo; cuenta con un par de semanas. Además, las guías de senderismo dan la ruta de cumbre por cerrada indefinidamente desde 2025, así que trata el permiso como algo a confirmar, no a suponer.

Los grabados son la razón de todo esto. Están arriba, por encima aproximadamente de la cota 300, sobre roca expuesta que el paso de gente daña, y no están montados como recurso turístico con senderos y paneles. Nadie te los va a enseñar en una visita improvisada. Lo que sí está abierto es el llano que rodea la base, cruzado por pistas y caminos agrícolas con vistas despejadas a las laderas, que además es donde mejor luce la montaña. Algunas empresas locales organizan ascensos guiados que incluyen la tramitación del permiso: si la cumbre te importa de verdad, ese es el camino, y hay que moverlo bastante antes de viajar.

Pies grabados en la roca y una escultura que nunca se hizo

Los majos, los habitantes prehispánicos de Fuerteventura, grabaron formas de pies en las laderas altas de Tindaya. El inventario patrimonial de la isla recoge 111 paneles grabados con unos 244 podomorfos, aunque circula muy extendida la cifra de más de trescientos. En cualquier caso es una de las mayores concentraciones de este tipo de grabado en Canarias, y poco común en el mundo. Para qué se hicieron no se sabe: las interpretaciones van desde marcar la posesión del territorio hasta impartir justicia o un rito mágico-religioso. Muchos apuntan hacia el Teide, visible desde la cumbre en días claros, lo que ha alimentado bastante especulación sin resolver nada.

La historia reciente de la montaña ha sido más áspera. Su traquita es una piedra ornamental apreciada y se extrajo con fines comerciales hasta hace relativamente poco, mordiendo los flancos. Después, en los años noventa, el escultor Eduardo Chillida propuso vaciar una enorme cámara cúbica en el interior del monte como Monumento a la Tolerancia, abierta al cielo y al horizonte. Se convirtió en uno de los conflictos ambientales más largos de Canarias y, décadas después, no se ha excavado nada. La declaración patrimonial de 2023 hace muy improbable que llegue a hacerse.

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